La temporada de Huracanes que acaba de terminar fue extremadamente tranquila.
¿La razón? El ya famoso “Niño”, que es un fenómeno de interacción oceano-atmosfera, vale decir, involucra cambios tanto en el comportamiento normal del mar como de la atmósfera (lo que hace variar las condiciones locales de cada punto del planeta).
Pero la naturaleza es tan sabia y poderosa, que tiene la capacidad de volver a equilibrar o “solucionar” dichos cambios y hacer que todo regrese a la normalidad. Sin embargo, cuando interviene la mano del hombre, la cosa se complica y no hay vuelta atras. Eso fue precisamente lo que sucedió con una de las más grandes civilizaciones precolombinas, la de Nazca. Y hablo “en pasado” porque ésta simplemente desapareció. ¿Por qué? Recientes estudios señalan que fue a causa de “El Niño” y de quienes formaban parte de esa civilización.
En el área en donde se ubicaban los Nazca (Norte del Perú) este fenómeno deja como consecuencia fuertes lluvias que, normalmente, no causaban grandes problemas. Eso, hasta que los Nazca, en el afán de ganar terrenos para la agricultura y obtener madera para la construcción y como combustible, comenzaron a talar los bosques compuestos principalmente por “Huarangos” (un árbol que puede vivir mas de mil años). Ellos, cumplían un importante papel ecológico ya que sus profundas raíces afianzaban el terreno, protegiéndolo de la erosión del agua y el viento. Al no estar estos árboles y presentarse el fenómeno de El Niño, las fuertes lluvias no tardaron en provocar davastadoras inundaciones que contribuyeron al colapso de esa gran cultura.
Los errores del pasado nos ofrecen una importante lección sobre los efectos que el mal manejo y abuso de los recursos naturales pueden significar para los seres humanos. Con la tecnología y herramientas actuales es fácil intervenir de manera drástica el curso normal de la naturaleza, sobrepasando fácilmente el umbral de lo que ésta es capaz de soportar o corregir. Al destruir la naturaleza, nos destruimos a nosotros mismos y si no me creen, pregúntenselo a los miembros de la civilización Nazca.